martes, 15 de abril de 2008

Siempre me han gustado las mujeres, en el kinder1 cuando párvulo ya tenía novia. En el patio había, por quién sabe qué causas oscuras de la vida, una tina de baño volteada en donde Claudia y yo nos metíamos debajo a jugar “al papá y la mamá” durante la media hora que teníamos de recreo. Quizá esto no tiene que ver mucho con lo que les quiero compartir, además de que será en otra ocasión cuando les cuente de mis aventuras en el kinder.

lunes, 31 de marzo de 2008

Por decir poesía


Trabajo en el metro de mi ciudad de manera informal contando historias y declamando poesía dentro de los vagones. Los autores de quienes digo poemas son varios: Jaime Sabines, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Efraín Huerta, Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Juan de Dios Peza, etc.

lunes, 22 de octubre de 2007

Mañana de payaso

Mañana de payaso

Una máscara de muerte
te has puesto ayer,
hoy una de diablo,
“mañana de payaso”.

—por cierto—


Las mañanas de payaso
no se parecen en nada
a las de sol
o a las de lluvia.

—alas de sol—
—alas de lluvia—


Las mañanas de payaso
amanecen con arco iris
y de las nubes de algodón
cae una lluvia de confeti.

Las mañanas de payaso
malabarean con sueños empelotados,
entonces hay que brincar en la cama
para poder alcanzarlos.

Una vez brinqué tanto
que alcancé un sueño empelotado;
pero entonces, me caí de la cama.

Aprendí que para alcanzar un sueño
hay que brincar y caerse de la cama.

¡Ay mamá, como duele alcanzar los sueños
en las mañanas de payaso!

Martín Dupá

Monedas

Monedas

Inundaste el vagón con tu olor a orines y venías vestido de azul, rojo, blanco y negro. Estabas sucio con la mugre que se adhirió a tu cuerpo en el camino. Traías en la mano derecha una bolsa cargando tus orines y con la izquierda nos pedías una moneda «Yo no traigo —pensé—nadie trae monedas para darte». Alguien al final del vagón; una anciana, saco un calcetín de donde te dio unas monedas «Vaya, al menos —para mi sorpresa— alguien tuvo». Los demás sólo agacharon la cabeza y otros la mirada para dejar de verte. Nadie quería verte; tampoco yo, pero te vimos. Te vimos caminando por el vagón sin ninguna pena. Y es que ahora en esta ciudad, todos cargamos bolsas; bolsas con meados; bolsas con mierda; bolsas con todo, menos con monedas.

Martín Dupá

viernes, 19 de octubre de 2007

Sin embargo

Sin embargo

¡No! Ya no puedo imaginar,
los sueños han quedado atrás,
detrás de oscuras nubes
cubriendo la oscura ciudad.

¡No! Ya no puedo volar,
mis alas han quedado rotas
y otras ya no hay:
sin embargo, puedo caminar.

Martín Dupá


miércoles, 17 de octubre de 2007

Sabia mujer

Sabia mujer

¡Mujer!
La verdad oculta
esta en tu vientre.

Desnuda eres completa.

¡Ay!
La vida resbala
— esperma, muerte-vida —
por un azulejo
la muerte espera
abajo en el suelo...

¡Oh! Tu sabia voz
inunda el silencio
y no has dicho nada,
nada tu voz en un mar silencioso,
nada dices y eres sabia:
la savia de la vida.

Martín Dupá



martes, 16 de octubre de 2007

Después de tanto pensar

Después de tanto pensar
Hoy me quise volver a enamorar. Por la mañana al despertar me paré muy pronto de la cama y fui a la mesa donde tomé mi libreta y la abrí sin dar importancia en cual fuera la página, después la aventé a la cama. Me puse a buscar la pluma que guardaba en el morral donde cargo cosas que casi siempre me acompañan. Mientras buscaba la pluma vi la agenda —hace tiempo que no escribo alguna cita con quien salir—, al llegar a este punto seguí pensando y recordé los tiempos en que había estado enamorado cuando de continuo escribía en la agenda el día y la hora en que te vería. Seguí recordando esos días de enamorado, mientras regresaba a la cama con la pluma en la mano, me acosté de nuevo junto a la libreta que había caído junto a la almohada. Dejé la pluma y esta muy ansiosa se puso sola a escribir en la libreta; sin embargo, de ella salían letras ilegibles —que pluma tan tonta—, poco a poco se fueron aclarando las letras que escribía y leí: «¡Es que acaso no te quieres volver a enamorar!» —después de todo no es tan tonta—. En ese momento desde el fondo estomacal surgió un ruido, eran mis tripas reclamando: «¡A nosotras que nos importa si te quieres volver a enamorar; lo que nosotras queremos, "es desayunar"!». Entonces sentí el hambre que ya me había agarrado de las tripas; pero yo, seguía recordando y así estuve mucho rato. Pobres tripas, se tuvieron que aguantar pues yo seguía pensando. Después de tanto pensar: «¡Recordé que hoy me quise volver a enamorar!».



Martín Dupá